Historia de la danza tribal

Masha Archer: el poder de la bailarina y el sentido tribal.

(Fragmento de capítulo “New directions” del libro “Serpent of the Nile” de Wendy Buonaventura, 1989. Traducido por Emine Di Cosmo.)

“ (…) El fenomenal interés en la danza de las mujeres fuera de su propia cultura data de mediados del siglo XX y las comunidades inmigrantes en los EEUU, quienes mantuvieron su música y su danza vivas en restaurantes y otros puntos de entretenimiento. En la Costa Este hubo una mujer cuya influencia es especialmente interesante; una ex artista de circo siciliana que descubrió la danza después de ir a vivir con una familia armenio-egipcia. Ella adoptó un nombre artístico de medio oriente – Jamila Salimpour – y, con su majestuoso porte y su fuerte vestuario asyut cargado de metal, inspiró a una de sus estudiantes llamada Masha Archer.

Masha era una artista visual que trabajó con la danza sólo por algunos años en la década del ’70 antes de moverse a un nuevo camino creativo. Ella aborrecía la escena de los clubes nocturnos, que por aquel entonces eran los únicos sitios donde la danza de medio oriente encontraba un espacio para mostrarse y desenvolverse. Ella detestaba el aspecto “desvestido”, el vestuario de las escasas dos piezas, la desvaloración de la bailarina en las contrataciones; detestaba, en efecto, todo lo que acompañaba al medio. Incluyendo el hecho de que jamás podía esperarse una atención plena de la audiencia, dado que cualquier artista en un entorno así tiene que competir con la comida, bebidas, charlas y todo tipo de cosas que suceden al mismo tiempo. La bailarinas de cabaret, entonces y ahora, están ahí principalmente para ser agradables, y a veces el esfuerzo por complacer las deja con una congelada –incluso desesperada- sonrisa fija. Ellas deben captar la mirada de los clientes e importunarlos por su atención, por propinas, por una sonrisa de reconocimiento.

Para Masha Archer, todo esto le quitaba a la bailarina su poder, y algo en lo que ella insistió al crear su grupo de baile fue que ni la falta de concentración de la audiencia ni el espíritu competitivo entre bailarinas pudieran quitarle ese poder. Con tal enfoque, se podría decir que Masha sembró la semilla de lo que posteriormente se convertiría en el American Tribal Style®: un grupo de baile donde el soporte y la atención del grupo estuvieran fijados en los integrantes del mismo y no en exterior, esperando el aplauso y refuerzo de la audiencia.

Masha buscó fortalecer la imagen de la bailarina creando un arte que pudiera ser presentado con dignidad en cualquier medio. Y resulta interesante que, aun cuando es bailado por una solista en el marco de un restaurante, este estilo mantiene una misteriosa e inquietante calidad. Sus movimientos absortos, lentos e hipnóticos son un perfecto reflejo de aquellas descripciones del siglo XIX que inspiraron el registro escrito de la danza egipcia que hemos heredado.

La insistencia de Masha en que era el artista, no la audiencia, quien mantenía el poder, fue pensada en parte para contrarrestar la connotación negativa vinculada a la profesión que hace a cualquier artista femenina vulnerable, sin importar el contexto de su presentación.

Hoy en día Masha es una renombrada diseñadora de joyas cuyos coloridos collares mantienen la impronta de su pasado en la danza. Finalmente, fue una de las miembros de su grupo, Carolena Nericcio, quien creó y desarrolló el American Tribal Style, y cuya continua investigación en su forma y contenido le han dado una identidad duradera. (Los tatuajes usados por las bailarinas de tribal, por ejemplo, se volvieron un aspecto puramente de este estilo porque Carolena Nericcio misma estaba tatuada, durante el período, cuando las formas “primitivas” de decoración corporal se popularizaron en la Costa Oeste de los EEUU). El vestuario tribal original pudo haber sido inspirado por fotos de la National Geographic, pero el espíritu y filosofía del estilo es propiamente estadounidense en su libertad, espíritu inventivo, su mezcla-y-combinación de las influencias culturales. Las bailarinas de tribal no estaban interesadas en recrear el baile o los vestuarios específicos de una cultura en particular. Sino que tomaron prestados libremente diferentes aspectos tradicionales de diversas culturas en un audaz espíritu de invención.

El American Tribal Style® – con sus muchos brotes de fusión – se hizo muy popular donde las mujeres agarraron la fiebre de la danza oriental. El tribal ofrece la solidaridad del grupo, permite el poder y la dignidad sobre el escenario y da a las bailarinas la oportunidad de jugar un poco e inventar, en términos de forma y vestuario. No hay necesidad de lucir egipcias o adoptar nombres de Las mil y una noches, tampoco las bailarinas de tribal deben luchar con el tan mencionado problema sobre la “autenticidad” de lo que ellas están haciendo. Ellas son simplemente libres de crear con su propia técnica adquirida, y esta es la libertad que da al estilo sus posibilidades creativas. (…)”

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Emine Fusion Tribal

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